Crónicas

ZZ Top convierte el Concert Music Festival en el templo del rock sureño

26 Jul 2026

Con Billy Gibbons al frente y una púa de peso mexicano como fiel compañera, los barbudos de Houston demostraron que el blues rock tiene dueño y se apellida Texas.

Había algo en el aire aquel sábado en el Poblado de Sancti Petri. El sol de la Bahía de Cádiz ya se había puesto, las cervezas corrían… Y entonces, a las 22:30, los motores comenzaron a rugir. Parecía que en cualquier momento alguien iba a bajarse de una Fat Boy entre una nube de polvo y entrar en un bar que apesta a cerveza, esa escena que solo puede ocurrir al sur de la frontera . Pero aquello no era Texas, era Chiclana. Y sin embargo, por una noche, Texas estaba allí.

La pequeña banda de Texas, grande como ella sola

Llevan más de cincuenta años juntos, más de 60 millones de discos vendidos y un puñado de canciones que son patrimonio de la humanidad Roquera. ZZ Top llegó al Concert Music Festival en su gira The Big One! tras haber pasado por Pamplona, Barcelona, Madrid, Valencia y Murcia . Seis ciudades españolas, una gira europea y la misma misión de siempre: recordarnos por qué son leyenda.

Billy Gibbons, el Reverendo de la guitarra, sigue siendo el centro de todo. Esa voz cavernosa que distingues entre un millón, ese juego de caderas mientras rasga las cuerdas con una púa mexicana a modo de talismán. Y sus compañeros de trío, Elwood Francis al bajo y John Douglas a la batería (sustituyendo temporalmente a Frank Beard por problemas de salud), le mantienen el pulso como si llevaran toda la vida juntos . Porque la esencia de ZZ Top no está en los nombres, está en el sonido. Y el sonido sigue intacto.

El setlist: un repaso a la historia del rock

La noche fue un desfile de himnos. Comenzaron con «Got Me Under Pressure» y desde ese momento, el público no se sentó . Sonaron «Gimme All Your Lovin'»«Sharp Dressed Man»«Legs» y «Cheap Sunglasses», esos temas que todos hemos cantado alguna vez en la ducha o en un atasco .

Pero el concierto no fue solo un greatest hits. También hubo espacio para la profundidad de su catálogo: «Waitin’ for the Bus» y «Jesus Just Left Chicago» nos transportaron a esos primeros años de blues puro y duro . Incluso sonaron rarezas como «Brown Paper Bag», un tema de Billy Gibbons, y la versión de Sam & Dave de «I Thank You» .

Y sí, «La Grange» llegó. Como tenía que ser. Como siempre, al final del concierto.

Guitarras, barbas y un legado que no se negocia

Pero si hay algo que identifica a ZZ Top, además de sus canciones, es su imagen. Los trajes texanos, las chaquetas brillantes, y por supuesto, las barbas. La de Billy Gibbons, larga y blanca, ondeando al ritmo de cada riff. La de Elwood Francis, que ya ha adoptado el estilismo del fallecido Dusty Hill con la dignidad que la ocasión merece. Y luego está la ironía de Frank Beard, el batería que nunca ha tenido barba pero cuyo apellido ya le hace el trabajo sucio.

Y las guitarras. Qué guitarras. El arsenal de Gibbons podría ser un museo sobre seis cuerdas, pero la estrella indiscutible anoche fue su mítica «Pearly Gates», una Gibson Les Paul Standard de 1959 que compró por 250 dólares a un granjero de Texas en 1968. De ahí salió el sonido que hizo temblar Sancti Petri.

Epílogo: la magia de cuando Chiclana fue Texas

El Concert Music Festival, en su novena edición, demostró una vez más por qué es uno de los ciclos de conciertos más importantes del verano andaluz . Y ZZ Top, esos tres barbudos que lo han visto todo, se encargaron de poner el broche de oro a una noche que quedará grabada en la memoria de los más de 5.000 asistentes.

Porque ZZ Top no ha cambiado su fórmula en décadas. Y no hace falta. Cuando los riffs son tan buenos, cuando las canciones son tan eternas, lo único que tienes que hacer es subir al escenario, tocarlas y dejar que la magia haga el resto .

Que suene fuerte. Que suene a Texas. Que suene a leyenda.

– Perdi –