Crónicas

Insurrección en el Teatro Florida: Diez años de «Los Hombres Rana» manteniendo vivo el legado de «El Último de la Fila»

19 Abr 2026

Hay una forma de inmortalidad que no reside en el mármol ni en los libros de historia, sino en la obstinada memoria del corazón. Es esa inmortalidad la que se celebraba el pasado viernes 17 de abril en el Teatro Florida de Algeciras. No era una simple noche de versiones; era la conmemoración de una década de música, de una misa laica donde la feligresía del mejor pop-rock español se congrega para invocar el espíritu de los gigantes Manolo García y Quimi Portet. Al frente de la ceremonia, los sumos sacerdotes de este culto: Los Hombres Rana, celebrando su décimo aniversario llevando la palabra de El Último de la Fila a un teatro entregado a la nostalgia y a la electricidad de un cancionero que es patrimonio sentimental de varias generaciones.

La noche comenzó con la frescura y el descaro de la juventud. Los encargados de abrir el fuego fueron «Rakusion», el proyecto de unos jóvenes que encarnan el puro espíritu Do It Yourself. Su propuesta de Indie/Rock, sirvió como un prólogo perfecto. Con una actitud arrolladora y ese punto de verdad que solo da la autoproducción, demostraron que el futuro del rock en la comarca tiene quien lo escriba. No eran unos simples teloneros; eran la prueba palpable de que la llama sigue viva, pasando de mano en mano.

Pero el momento álgido, el del éxtasis colectivo, llegó cuando las luces se apagaron para Los Hombres Rana. Desde su nacimiento en Algeciras en 2015, esta banda ha sabido construir un arte complejo: el de la fidelidad sin caer en la imitación burda. Carlos García, su vocalista, ya lo había advertido: esto no iba a ser lo de siempre. Y vaya si cumplieron. Durante más de dos horas, desgranaron un repertorio que hizo vibrar los cimientos del Florida. Sonaron himnos generacionales como «Huesos»«Mar antiguo» o «Lápiz y tinta», ejecutados con ese sonido real que persigue la esencia sin perder su propia identidad. En «Sara» y en tantas otras, la voz de Carlos buscó el eco de Manolo, y el público, cómplice absoluto, completaba cada estrofa.

Pero fue en «Pájaros de barro» donde la noche alcanzó una dimensión litúrgica. La irrupción de la bailaora Olivia y la guitarra flamenca de Joel transformaron la canción en una saeta profana, en un cruce de caminos donde el pop-rock mediterráneo abrazaba el duende de la tierra. Fue un instante de una belleza tan frágil como poderosa, de esos que justifican una década de carretera y escenarios.

Y el final no podía ser otro, con «Insurrección», la banda lo dio todo, dejándose la piel en un último y catártico arrebato de energía. El público, puesto en pie, coreó el que quizás sea el himno definitivo de «El Último de la Fila» con la garganta rota y el puño en alto. En ese momento, no había tributo ni homenaje; solo había Rock, de ese que te salva un poco la vida. Diez años después, Los Hombres Rana demostraron que el secreto no está solo en parecerse, sino en sentir de verdad lo que se toca. Y en el Teatro Florida, el pasado viernes, sentimos todos.